NO. Así de sencillo y así de claro, o al menos no con subvenciones a fondo perdido y con el sistema actual de adjudicación.
Muchos nos hemos hecho esta pregunta durante mucho tiempo. Pero ahora, en tiempos de crisis, mucho más. Hay partidarios del sí y partidarios del no. Yo me encuentro entre el grupo que se decanta por el no. Siempre he pensado que una industria subvencionada favorece el amiguismo, el clientelismo político y sobre todo desincentiva la imaginación y el esfuerzo. Y si el cine español necesita algo es precisamente imaginación ( en sus guiones ) y esfuerzo ( en su industria, si es que se la puede llamar así ).
Veamos cómo funciona actualmente la “industria subvencionada” española del cine:
Para financiar una película podemos encontrar una financiación privada o pública.
Encontrar una financiación privada es prácticamente imposible. La asociación de productores FAPAE, dirigida por el omnipresente Pedro Pérez ( ex socio entre otros del poderoso Florentino Pérez ) lleva tiempo intentando funcionar como un lobby y conseguir que el ministerio de turno apruebe desgravaciones fiscales para aquellas empresas que inviertan en producción de cine. Esta es una buena idea y propuesta, sin embargo, nunca se aprueba porque el ministerio de Hacienda no quiere dejar de percibir impuestos. Yo estoy seguro que con la aplicación de esta propuesta incluída en la última Ley del cine, muchas empresas desgravarían pero se podría crear una verdadera industria audiovisual que aumentaría en tamaño, facturación y empleo y que por tanto compensaría esa inicial falta de ingresos en un breve espacio de tiempo. Por otra parte, siempre estaría el beneficio de tener que crear productos que gustasen al público, sí a esos imbéciles que nos movemos todos los días por nuestra querida España, para generar ingresos y poder devolver a los inversores su dinero. Inexplicablemente, aún no se ha llegado a crear el reglamento que haga funcionar esta ley casi medio año después de aprobada. Por tanto conseguir financiación privada sigue siendo misión imposible.
Pero aún nos queda una segunda vía de financiación, las subvenciones. Aquí sí que hay un mecanismo claro. Se pueden pedir subvenciones múltiples: a guiones, a desarrollo de proyectos, a distribución, a priori, a posteriori, etc. Este año, según publicaba la web Cotizalia el pasado viernes, se destinan 100 millones de euros a este tipo de subvenciones. Cantidades similares se llevan destinando desde los tiempos de la desaparecida Pilar Miró y los resultados han sido espectaculares: la gente ha dejado de ir a ver cine español. La verdad es que la broma nos está saliendo un pelín cara. Aquellos que están a favor de las subvenciones argumentan que el cine es arte y no industria. Otro día entraré en la cuestión de si el cine es arte o industria, pero hoy me centraré en explicar el sistema de subvenciones un poco por encima, porque en detalle tendría que escribir un ensayo.
Las principales empresas productoras de cine español suelen recurrir a dos tipos de estrategias para financiar sus películas:
1.- subvenciones a priori: en las que un comité, con lo que esto conlleva, decide los proyectos a subvencionar con unas cantidades con las que es imposible realizar una película ( la subvención máxima es de 500.000 euros ). Por tanto hay que seguir buscando dinero y éste procede fundamentalmente o de otras subvenciones locales o de las televisiones. Esto obliga a los productores por un lado a intentar conocer a los miembros del comité y segundo a conocer a gente en las televisiones. ¿ Cómo funciona un comité ? ( no cómo debería funcionar, claro está ). Pues, el ministerio en su afán de ser políticamente correcto lleva muchos años proponiendo miembros ¿ y miembras ? de diferentes regiones, perdón… comunidades, con peso específico dentro de la cultura ( léase Cataluña, País Vasco, Galicia y Valencia ) y que defienden “sin cortarse un pelo” los proyectos que provienen de sus comunidades, hasta el punto de que se llevan años realizando reuniones previas entre estos personajes en las que se “aprueban” los proyectos que hay que apoyar entre todos ellos. Vamos, se hace un reparto del pastel antes de llegar a la mesa. Luego existen otros comisionados que defienden al resto pero que poco pueden hacer por el sistema de votación, una persona un voto, que se sigue en el comité. Siempre queda algo de dinero para otros proyectos, pero con este sistema ¿ quién se puede creer que los mejores proyectos son siempre los elegidos ?. Usted, lector dirá ¡ No me lo puedo creer !, pues es su problema porque es así, “juraíto”. Ah y los comisionados cambian cada cierto tiempo pero claro, yo te voté a ti un proyecto hace tres años ahora te toca a ti votar mi proyecto de este año…con el resultado de que el dinero siempre va a las mismas manos.
2.- Existen subvenciones a posteriori: de esta forma se puede conseguir mucho más dinero que con las subvenciones a priori, sin embargo, éstas no están al alcance de todo el mundo. Hay que hacer primeramente la película y eso cuesta tanto dinero que no hay suficientes productoras que puedan acudir a este tipo de ayuda. Pero si ya hemos hecho la película, ¿ para que queremos una subvención ?. Este tipo de proyectos cuando se crean llevan presupuestado lógicamente una partida de dinero para “financiar” la película que es una subvención “a taquilla”, ese dinero no se obtiene antes de hacer la película si no una vez estrenada, por ello hay que recurrir a un banco que nos “anticipa” el dinero mediante un crédito, lógicamente no todo el mundo puede acceder a un crédito tan alto con unas hojitas de un guión como aval. Los que sí pueden, en una industria normal podrían pedir un crédito para financiar la película y luego devolverlo con lo recaudado, pero claro ¿ quién corre ese riesgo ? . Esta subvención requiere que la película recaude unas cantidades mínimas en función de muchos parámetros pero por poner un ejemplo, si yo quiero una subvención de 600. 000 euros, tengo que recaudar 330. 000 euros en su exhibición en salas cinematográficas. Una persona normal, calcularía que eso lo va a ingresar después de gastar un dinero en promoción. Pues ya que hay que gastar un dinero en promoción y además correr el riesgo de que los españolitos “imbéciles” no quieran ir a ver mi película a un genio se le ocurrió hace tiempo que era más sencillo y seguro “comprar la taquilla”, y a tal efecto exsiten personas del mundillo de la distribución y/o exhibición que “gestionan” la compra de taquilla, donde algún exhibidor dice que tantas personas han ido al cine, el distribuidor lo certifica y el ministerio se lo cree. Curiosamente siempre estas películas han “recaudado” unos cuantos euros más que el mínimo exigido, pero no muchos más no vaya a ser que no salgan las cuentas.
Existe un rasgo común a ambos tipos de subvenciones. Los presupuestos están siempre “inflados”, es decir, yo digo que me he gastado, o voy gastar, 3 millones de euros, pero realmente me he gastado 1, como la subvención se recibe por porcentaje, se cubre siempre mucho más presupuesto de lo que se piensa y publica la prensa oficial, teniendo como objetivo claro llegar a cubrir el 100% del coste de producción antes del estreno ( por eso da igual qué película se produzca y que luego vaya a un cajón, pero de eso hablaremos otro día ). Por supuesto, un par de personas en el ministerio intentan descubrir estos engaños, pero su buena voluntad no puede con la maquinaria ya engrasada durante muchos años y el engaño y la estafa se suceden año tras año con cargo a las cuentas del estado. Desde los múltiples ministerios de cultura de diferentes gobiernos, desde los de Felipe González a los de Aznar, incluyendo por supuesto los de Zapatero, la única industria que se ha creado es esta: la del timo, el engaño…y siempre con dinero ajeno.
Otro día entraré al detalle en otros puntos oscuros de nuestro sistema de producción, por hoy creo que es suficiente.